DANIELA
3ª edición
Sección: Mujer y diplomacia
Bolívar, padre del PanamericanismoPor Yudith E. Romero Marcano (Daniela, California).- La necesaria reflexión que suscita la vida y la obra de Bolívar, invitan a examinar las grandes disyuntivas que condicionan el presente de América Latina, que en buena medida son las mismas Bolívar fue un hombre diferente para personas diferentes, un lema que, dos siglos después de su origen, retiene una poderosa vitalidad en la vida diaria de Venezuela, determinando los límites —ya sean pacíficos o violentos— del cambio social y político del país. Pero es importante enfatizar que la vitalidad actual de Bolívar no es exclusivamente venezolana. En todos lados hay un Bolívar distinto, un interés diferente en el Libertador de América. Aquí, en los Estados Unidos, Bolívar es un símbolo del Panamericanismo. En la Catedral Nacional de Washington, Bolívar preside un monumento sobre una gigantesca vidriera, que representa la amistad entre las Américas. Y el ex-presidente de este país, George Bush, al hablar del Tratado de Libre Comercio con México, ha invocado el nombre del Libertador Simón Bolívar. Bolívar fue militar, pero aún más, era un demócrata con una visión hacia el futuro, y en el marco intelectual de su tiempo, sus ideas eran muy progresistas. Siempre quería ir hacia adelante, quería desafiar a los modelos del pasado, quería sintetizar las nuevas ideas y crear un sistema político que sirviera mejor a los pueblos del Nuevo Mundo, "Las Américas". Nadie, antes de Bolívar, había expresado tan plenamente la defensa latinoamericana frente a la acusación que un continente tan joven en historia, y tan lleno de indios y africanos, nunca podría ser verdaderamente libre o glorioso. Lo que hizo el Libertador fue tomar las imágenes positivas que el Viejo Mundo había asociado con el Nuevo Mundo, esas imágenes de un continente misterioso, lleno de una majestuosidad natural, y las usó para formar una retórica revolucionaria contra la dominación extranjera. El mito de una América misteriosa y maravillosa, forjado por literatos europeos, no fue creado con la intención de que fuera usada como arma revolucionaria, pero Bolívar comprendió que para inspirar al pueblo de un continente entero, necesitaba una visión política y profética. Fue así que al adoptar la imagen del Nuevo Mundo como potencia natural, en armonía con la Libertad, la Justicia y la Gloria Humana, le permitió suplir la carencia de una historia y de una filosofía autónoma en el continente. Cuando juró liberar a América, dijo: "En cuanto a resolver el gran problema del hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido y que el despojo de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo". Lo que en realidad Bolívar quizo enseñarnos, no fue sólo poner las bases para vuestro orgullo de latinoamericanos, sino también vuestro orgullo colectivo como Americanos. Bolívar es un sueño que todavía vive, Bolívar es una añoranza que espera mejorar el mundo político y social de América Latina. El Bolívar que conoce el pueblo norteamericano es un héroe glorioso, pero distante y ficticio, alejado de los problemas de la realidad. Lo cual es un conflicto puesto que Bolívar es uno de los valores culturales e intelectuales más importantes que Venezuela, y de hecho, toda la América Latina, puede ofrecer al resto del mundo. Somos creyentes en la visión que el Libertador ofreció a un continente infeliz y oprimido, y creemos que esta visión también tiene importantes lecciones para América del Norte. Bolívar era hombre de acción, pero también un hombre de ideas. El combinó estas dos cualidades. En palabras de Waldo Frank, quizás el mejor bolivariano de norteamérica, "Bolívar perteneció a su época, con Napoleón, Jefferson y James Watt..., pero su visión y sus valores lo ubicaron en una categoría más profunda, para él era el hombre de visión, pero también era el hombre de acción y de una gran imaginación. No sólo fue un pensador ecléctico y original, un guerrero, el hombre que sobrevivió a las batallas de los llanos y el trópico, superando sus derrotas con un espíritu indominable que no se dejaba vencer y de un afán por forjar alianzas, siempre forjar alianzas. En esta rápida visión de Bolívar y su pasión por el pensamiento Panamericanista, no puede faltar, realizar una ojeada a la carta de Jamaica. Es allí donde salta de cuerpo entero el organizador de naciones. Este histórico documento escrito en circunstancias tales que hacían imposible el éxito, nos muestra al estadista que se adelanta en el tiempo e insiste en la necesidad de la unidad continental. Para él, el pueblo de América es uno solo por cuanto tiene un origen, una lengua, una costumbre y una religión en común. Argumento éste valedero más que cualquier otro para pensar en darle al continente americano un solo gobierno, capaz de confederar los diferentes estados que hubiesen que formarse. Sin embargo, como conocedor a fondo de la idiosincracia hispánica y como profeta de su visión del futuro, comprende que una nube cargada de divisiones se cierne sobre todos estos pueblos de América y concluye casi con amargura, expresando: "No es posible, porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres semejantes, dividen a América". Este documento es la primera manifestación formal de Bolívar sobre la unidad continental, más valiosa aún si se analiza a fondo el contexto integral del mismo, semilla que se convirtió en la médula esencial del Panamericanismo y que llegó, dentro de su contenido, a asomar la posibilidad de concentrar en el istmo de Panamá al Congreso Anfictiónico, como en realidad se suscita en el año de 1826. La importancia de esta idea se mantiene en plena vigencia frente a las amenazas o las agresiones que puedan presentarse a la soberanía o a la libertad de los estados latinoamericanos. La unión de las naciones de América, como necesidad histórica y como objetivo político fundamental para que nuestros pueblos desempeñen el papel que les corresponde en el ámbito universal, es indispensable. Criterio que fue proclamado por nuestro Libertador, como un principio ineludible para poder hacer frente a las acechanzas externas y para promover la prosperidad de nuestras naciones en el continente americano. Bolívar es un signo de unidad y grandeza para América Latina, pero no solamente la unidad entre naciones, si no la unidad de propósitos y espíritu. En otras palabras, un pacto para entendernos mejor en libertad, libres de la dominación, la injusticia y de crueles e inútiles divisiones ante la solución a los problemas sociales, políticos y económicos. Hoy, debemos reflexionar, decía en mi introducción, por cuanto la América Latina en el contexto internacional tiene que ser mejor comprendida, sin olvidar lo que Bolívar siempre ha simbolizado y debería simbolizar para el verdadero bolivariano, siempre abierto a las nuevas ideas, el ideal por la confraternidad y la integración entre iguales, que criados en diferentes culturas y tradiciones revolucionarias, siempre han manifestado su deseo de compartir un amor por la libertad. No olvidemos que aunque Bolívar luchó por la libertad de un continente, también luchó por un concepto que fue desconocido en su vida, y aún hoy permanece en tinieblas, el concepto de un mundo mejor, libre de cadenas, de la ignorancia, del hambre y de la soledad entre los pueblos. La situación futura internacional se hace crítica, en el Nuevo Mundo que denominamos "Nuestra América", tropezamos una y otra vez, la inestabilidad política y la violencia han vuelto en el presente, una sangrienta guerra civil amenaza a una de nuestras poblaciones, y un sorprendente odio de raza, dirigida a la clase hispanoamericana, vulnera nuestro futuro. Sin embargo, hay luchas que a veces pasan desapercibidas, menores, pero no menos importantes. Por ejemplo, todos ustedes aquí, sin perder su identidad, se han hecho parte del mosaico de gente que constituyen al país de Estados Unidos, ustedes, gente con empleos y familias, son los verdaderos forjadores de la paz, en sus relaciones con sus amigos norteamericanos, en su afán de educar a los que les rodean sobre las ligas comunes que todos compartimos, en el deseo de traer a este país la maravillosa cultura latina, su música y baile, su buen humor y bello lenguaje. Nosotros causamos un impacto profundo en la vida del ciudadano norteamericano. Así se cumple con el sueño de Bolívar, quien en la América Latina vio una fuerza vital para la unidad y la espiritualidad, fuerza que cambiará la faz de las Américas. Hagámoslo con fervor, optimismo y pasión. Preparemos la respuesta unánime que las circunstancias demandan, territorios rezagados en el progreso, reveses y débiles logros en el camino para afianzar nuestra independencia económica, un insatisfecho anhelo del progreso y bienestar social, un constante empeño, sin logro positivo para reducir la brecha educacional y tecnológica, son testimonio de la necesidad de un esfuerzo común y unitario de nuestras naciones, para poder alcanzar y consolidar su total independencia y proyectarla a los diversos campos de la vida internacional. Quizás esa diversidad de motivos nos pueda iluminar el difícil camino que debemos transitar, unido a un tenaz espíritu de lucha, orientado por el esfuerzo diario de los pueblos en vías de desarrollo que quieren ser protagonistas de su propia misión histórica, y realizarla sin condicionamientos de ningún género. La unidad latinoamericana constituye un imperativo histórico y uno de los más preciados ideales bolivarianos, la consolidación de la democracia, la institucionalización de la libertad, constituyen metas fundamentales por alcanzar, dentro del marco del pensamiento político del Libertador Simón Bolívar. Y nosotras, las mujeres aquí congregadas y representantes de las diferentes Mesas Redondas Panamericanas del Estado de California, debemos continuar nuestro aporte, en aras de esos mismo ideales, con fe, patriotismo y amistad, para que los pueblos hermanos de América, adquieran otra vez y estén firmemente conscientes de su destino común. Sólo que en esta oportunidad habrá que hacerlo, no como en aquel entonces, por las armas, sino a través de la creatividad, el trabajo y la educación. Finalmente, deseo invocar un pensamiento del Libertador:
"Compatriotas: Escuchad mi última voz al terminar mi carrera política; a nombre de Colombia os pido, os ruego que permanezcáis unidos, para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos..." --Simón Bolívar
Ese es Bolívar, el apóstol de la unidad interamericana, el atormentado de la unidad. Ese fue el sueño de su vida. Si la semilla no germinó entonces, ésta ha estado latente plena de vitalidad, a la espera de este feliz momento. Unidad de los pueblos será nuestra premisa inexcusable, para así, exaltar y reflexionar sobre el sacrificio y la entrega de nuestras voluntades al servicio de una causa común: la grandeza y el porvenir de nuestras naciones. Amigos todos.
La Consulesa de Venezuela en San Francisco, Yudith E. Romero Marcano, pronunció estas palabras durante una reunión de la agrupación de mujeres de las Mesas Redondas Panamericanas de Los Gatos-Saratoga, San Francisco y Contra Costa, como conferencista durante la celebración del Día del Panamericanismo en Burlingame, California. |