DANIELA
3ª edición
Sección: Temas

 

Caperucita Embarazada

Por: Yadira Calvo

(Fempress, Costa Rica).- Contra la idílica y sonriente imagen de papá, mamá y bebé, típica de las ilustraciones de los anuncios de compañías de seguros, textos catequistas y libros escolares, en Costa Rica cada vez más parece imponerse la familia sin padre y la maternidad infantil y adolescente. Según datos divulgados por la prensa nacional, el 20% de los embarazos atendidos en los hospitales del país corresponde a jóvenes entre los once y los dieciocho años; según esos mismos datos, el 25% de las chicas entre 15 y 18 años tiene ya por lo menos un hijo.

Otra cifra casi de pesadilla, es esa según la cual el 50% de las jóvenes embarazadas atendidas por la principal maternidad del país, desconocía las implicaciones de las relaciones sexuales, y el 43% de ellas ignoraba cómo nacen los niños. Una de las madres adolescentes entrevistadas, cuenta de qué modo cuando ella y su hermana quisieron hablar en familia sobre sexualidad, el padre evitó el tema por inconveniente, y compró en su lugar una enciclopedia de la sexualidad en cuatro tomos que colocó en la biblioteca.

Ahora bien, si el hogar no ayuda. ¿qué tal el colegio? Y el colegio lo intentó. En 1991, después de una extensa negociación con la Iglesia Católica, que objetaba por aquí y tachaba por allá, el Ministerio de Educación puso al fin en manos de los profesores de segunda enseñanza, unas guías didácticas de la sexualidad humana. Con ellas se pretendía instruir a los estudiantes del sistema de educación formal. Todo mundo feliz, salvo que seis años después, el recuento indica que las guías no funcionaron porque no son de uso obligatorio; además de que, como ha señalado algún observador, no resuelven las dudas o problemas de los jóvenes sobre lo que se suponía tratar. Consecuencia: niñas y adolescentes embarazadas, ingenuas como Caperucita que parecieran seguir creyéndose el cuento de la cigüeña con su bebé colgando al pico o de los rostros encargados a París al modo de una pizza-express.

Un tercer fenómeno revelado por los números, es que el 90% de los casos de embarazos de niñas y adolescentes asistidos en consulta externa por Organizaciones No Gubernamentales, son producto de violación e incesto. Datos para poner de punta el pelo. No obstante, cuando en 1991, una diputada propuso un Proyecto para despenalizar el aborto en casos de violación a menores de 12 años, se armó la de San Quintín. Está de más aclarar lo que todo mundo sabe, y si no lo sabe se lo imagina: que la despenalización no implicaría un incremento general de los abortos, puesto que de todas maneras se dan. Implicaría sí en el caso de las clases adineradas, evitarse pagar sumas abusivas a los médicos particulares que lo practican clandestinamente. Implicaría también, en el caso de las de menores recursos económicos, la posibilidad de hacerlos sin riesgo de su vida en los hospitales del Seguro Social. Según un dato aportado en ese entonces por la Asociación Demográfica Costarricense, en el país, el 70% de las muertes maternas en relación con el embarazo, el parto y el puerperio, se debe al aborto realizado por empíricos. A esto hay que sumarle el riesgo de cárcel si la cosa se averigua. Total que el castigo lo sigue recibiendo la víctima: o se aguanta lo que no buscó, o no se lo aguanta y entonces ella es la delincuente. En medio de una de las mayores polémicas que han ocupado al país en los últimos diez años, el aborto en favor de las niñas violadas fue adversado con argumentos que lo equiparaban a homicidio y a pena de muerte. Orquestando la fanfarria de los absurdos de todo lo opinable que se opinó, hubo propuestas que incluían desde entregar el 'producto' en adopción, hasta enseñar cursos de defensa personal a las niñas en las escuelas, y esterilizar a las mujeres con problemas mentales. Hubo también, como es de esperar, la voz de la sensatez de quienes señalaban que aparte de sus propios criterios religiosos, quienes legislan representan los intereses fundamentales de la ciudadanía en su totalidad, y deben, por lo tanto, tutelar los derechos de todos. Pero finalmente entre las discusiones de si era caso de justicia o caso de asesinato: de si el derecho de las mujeres a su cuerpo y su libertad o el de los violadores a perpetuar su progenie, triunfó el criterio de la tradición: el proyecto se archivó para algún venidero siglo del siguiente milenio, y aquí paz y después gloria. Paz y gloria desde luego para los que tienen que dejar el uniforme escolar por una camisola maternal; para los que no tienen que cambiar las muñecas por bebés de carne y hueso; para los que no tienen que cargarse a mitad de la infancia con responsabilidades de persona adulta. ¡Pura mala suerte! o tal vez pura crueldad e indiferencia de una sociedad dispuesta a sacrificar la vida en nombre de la vida, y a celebrar después los días de la madre con cantos y elogios al sacrificio y a la abnegación de las que lo dan todo y no piden nada. Rentable sin duda para quienes ejerciendo de sementales pueden seguir gozando de la impunidad que les ofrece su moral de doble cara.



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Última actualización: 8 de noviembre de 1998