DANIELA
3ª edición
Sección: Política

 

Haciendo Política

Por: Paul Jeffrey

(Noticias Aliadas, Tegucigalpa).- Durante los 80 las mujeres lograron importantes avances, pero ahora se ha reducido drásticamente su participación en política.

Cuando las feministas nicaragüenses evocan los casi siete años de gobierno de la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro, recuerdan los años dorados de la participación de las mujeres en política.

Aunque las mujeres desempeñaron un rol clave durante la revolución y el gobierno sandinista (1979-90), la sorpresiva victoria de Chamorro en 1990 anunció el inicio de una nueva era.

Pese a no tener formación política y que otros la eligieron como candidata para el cargo en vez de pelearlo ella misma, Chamorro impuso su sello por su modestia y estilo de liderazgo.

El principal logro de Chamorro fue la "desmitificación del poder", según Sofía Montenegro, periodista y feminista nicaragüense. "Algo había en su manera de ver las cosas y decirlas, de llevar el cuerpo y caminar, que contradecía todo el machismo político que ha sido nuestro pan de cada día".

Montenegro dice que las feministas recordarán el mandato de Chamorro como "la época dorada...de irrestricta libertad de expresión y tolerancia política, factor que ha contribuido al desarrollo del movimiento de mujeres".

El crecimiento del movimiento de mujeres nicaragüenses condujo a un incremento de su participación política. Al término del gobierno de Chamorro, en enero de 1997, varios importantes cargos, incluyendo la vicepresidencia de la nación y la presidencia de la Corte Suprema, eran ocupados por mujeres.

Pero el progreso político logrado por las mujeres nicaragüenses durante el gobierno de Chamorro sufrió un gran retroceso luego de las elecciones del 20 de octubre de 1996, en que las mujeres sólo obtuvieron la mitad de los escaños que habían ocupado antes.

Para las activistas, la nueva administración del presidente Arnoldo Alemán ayudó a debilitar la paricipación de la mujer. Una de las primeras actividades de Alemán como mandatario fue cambiar el nombre del Ministerio de la Mujer por Ministerio de la Familia.

"Este es un momento muy difícil para las mujeres", dijo Malena de Montis, quien trabaja en un centro que ofrece capacitación y créditos para las mujeres. "No esperábamos una legislación tan extrema tan pronto".

La tendencia es la misma en toda América Central. Luego de un crecimiento significativo, la participación de las mujeres en la política se mantuvo o redujo. El número de congresistas cayó en Guatemala, Honduras y Nicaragua. La única excepción es El Salvador, donde el número de mujeres en el Parlamento se incrementó de nueve a 13 luego de los comicios de marzo (NA, Mar. 27, 1997).

Una razón de esta caída podría ser que "la política tradicional" se ha reafirmado en los 90, luego de la entusiasta participación de la mujer en los 80. Para María Antonia Martínez, del Centro por los Derechos de la Mujer, la causa de esa baja radica en la falta de recursos económicos para las campañas.

El cambio del poder ha derivado en demandas por cuotas. En Guatemala, donde las mujeres actualmente no tienen cargos ministeriales, sólo 16% de los escaños parlamentarios y dos de los 13 puestos en la Corte Suprema, una coalición de grupos de mujeres presentó una propuesta de acción afirmativa, el 14 de julio, día de la Revolución Francesa.

"Más de 200 años después, los principios de libertad, igualdad y fraternidad levantados por la Revolución Francesa permanecen en teoría", dijo Malvina Armas, abogada del Proyecto Mujer y Reformas Jurídicas, auspiciado por la ONU y la Oficina Nacional de la Mujer de Guatemala.

El proyecto demanda ocupar la mitad de los puestos en todas las estructuras partidarias e invoca que cada género ocupe por lo menos 44% de los lugares en las listas de candidatos.

Similares propuestas se han presentado en toda América Central. Una asociación que reúne a todos los grupos de mujeres en Panamá amenazó recientemente con boicotear las elecciones generales de 1999 a menos que 30% de las candidaturas sean ocupadas por mujeres.

Un creciente número de mujeres --como Nora de Melgar, la candidata del Partido Nacional de Honduras-- han ingresado con éxito a la política representando organizaciones tradicionales. Cualquier interés que tengan en el tema de género es desalentado por sus asesores masculinos.

Pero todavía hay algunas que defienden la causa. Zury Ríos, representante legislativa del Frente Republicano Guatemalteco --partido fundado por su padre, el general Efraín Ríos Montt--, presentó el año pasado un suave pero no por ello poco importante proyecto de ley contra la violencia doméstica.

"Se están abriendo un poco, pero todavía están jugando con las reglas marcadas por la cultura patriarcal", observó Eugenia Mijangos, dirigenta de la Convergencia Cívico-Política de Mujeres de Guatemala.

Sintiendo que otros sectores de la sociedad civil se resisten a los temas de mujeres, ellas han decidido ir solas. Luego que terminara la guerra civil en El Salvador, un grupo de militantes se apartó del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) para formar el movimiento Mujeres por la Dignidad y la Vida.

Para Mijangos, las feministas guatemaltecas podrían hacer lo mismo. "Si realmente queremos hacer política, va a ser necesario que lo hagamos desde las mujeres", señaló.

Al no sentirse cómodas en los partidos tradicionales, las mujeres "hacen política" en un número cada vez mayor de grupos de base organizados para hacer frente a temas que van desde la violencia política a los derechos reproductivos, pasando por el acceso al crédito agrícola.

La feminista guatemalteca Carmen Pellecer afirma que hace una década sólo existían cuatro grupos de mujeres en Guatemala; actualmente hay más de 200.

Las mujeres están trabajando más duro que nunca, porque también integran otros grupos, ya sea sindicales o religiosos, además de la doble jornada que significa el empleo y el trabajo en el hogar.



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Última actualización: 8 de noviembre de 1998