DANIELA
3ª edición
Sección: Arqueología
El Zoológico de PiedraTexto y fotos de Sofía Sayago "Pero no olvidemos las piedras, no olvidemos los tácitos castillos, los erizados, redondos regalos del planeta". Pablo Neruda (Daniela, Chile).- Quietas sobre la arena del Desierto, constituyen un Universo pétreo que el tiempo ha detenido. Situadas cerca de la Carretera Panamericana, en el tramo de Caldera a Chañaral, las zoológicas piedras del Valle de las Tinajas, son realmente precursoras de la escultura. Peregrinas del mar y formadas con precisión por los dedos de la Naturaleza, están allí semejando dinosaurios, elefantes u osos gigantescos y nos aportan un verdadero pergamino del pasado. Visitar este sitio es una fascinante experiencia pues este inmenso paraje costero, que hace miles de años estuvo cubierto por el grueso cristal del mar, nos entrega además, rocas con grandes marquesinas, cual prehistóricas viviendas y especialmente hermosas es la gran depresión natural, suavizada por los años, que miden unos dos metros de diámetro y otros tantos de profundidad, constituyendo una perfecta tinaja que seguramente contuvo el agua que los indígenas conseguían almacenar en ella, lo cual justificaría el nombre del lugar. Desbastándose en el tiempo su atavío de piedra, sobre un páramo irreductible, estas rocas nos sorprenden y sumergen en su magia. Hoy el plañidero latir del mar no las perturba, ni el paso de la luna alumbrándolas en ciertas noches sagradas, ni el nortear del viento en mañanas de camanchaca o de tormenta. Ni siquiera las sorprende la lluvia cuando, tras años de cielos resecos, las inunda. ¿Tiene quizás nostalgia de su vida oceánica cuando en épocas pretéritas fueron acariciadas por sirenas o narvales? ¿Formaron en algún tiempo parte del polvo cósmico en el espacio interestelar? ¿O fueron realmente seres por cuyo cuerpo petrificado y quebradizo alguna vez corrió la sangre desbocada? Estamos fantaseando, es cierto. Se trata solamente de un bosque de piedras que no saben sentir. Pero a nosotros que las miramos asombrados, nos producen emociones variadas, admiración, cariño y una especie de tristeza y envidia, porque sabemos que, en miles de años más, ellas allí estarán emanando encantamiento, algo más carcomidas, por la intemperie, es cierto. En tanto que nosotros... |
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